La Maravilla de un Momento

Una agradable mañana de primavera un apuesto príncipe viajaba en su corcel dorado, a lo lejos en el camino nunca pensó ver tan hermosa muchacha envuelta en sollozos, era curioso no ver una sonrisa adornando su semblante, ante la impotencia del momento donde las palabras de ánimo sonaban vacías, y todo lo que intentaba el príncipe no lograba extraer tan solo una palabra de su boca; haciendo alarde de todas las fantasías que rondaban por su mente, Agarró su arco y flecha de la montura del caballo y como resultado de una buena práctica demostró una puntería perfecta ante la hermosa mujer, sin embargo en su desafortunado intento de impresionarla, ésta se puso a gimotear más fuerte, haciendo que la honorabilidad del príncipe se viera afectada, fue tanto el impacto que el príncipe en el desespero de al menos lograr una expresión de afecto y agrado de aquella desafortunada mujer, arrancó una roca de la tierra cuya dimensión era considerable para una persona que tuviera una fuerza normal, él creyó que esto la asombraría a tal punto que sostuvo la roca con insistencia durante un minuto exacto, en realidad se sentía el hombre más fuerte del mundo, pero aún así no logró impresionar a la chica quien en un gesto de desagrado frunció el seño y se dio vuelta para no mirar al príncipe. Éste en su pesar empezó a dar vueltas alrededor de la roca que acababa de soltar, el tiempo pasaba y el continuaba dejando marcada la huella en forma de caracol alrededor de la piedra. Después de un largo rato decidió sentarse y planear una nueva estrategia, se descalzó la bota dejando el inferior del pié desnudo, al momento de apoyar sobre el suelo se pinchó con una planta espinosa, a causa del dolor se fue de espalda dándose un fuerte porrazo, se levantó intempestivamente y al querer avanzar se tropezó con la piedra en la que estaba sentado yéndose de bruces ante la hermosa chica quien ya no pudo ignorarle más al ver tanta torpeza junta, se reclina ante él y de su bolsito sacó un pequeño cofre que contenía las lágrimas secas de aquella jovencita con mirada triste que durante años había guardado para la persona que esperaba, el príncipe con vergüenza levantó la cara la miró a los ojos y con ternura secó con sus manos las lagrimas que rodaban por la mejilla de la joven , en ese preciso momento de sus labios brotaron las palabras “te esperaba a ti, ¿por qué tardaste tanto?”, el príncipe en respuesta la besó tiernamente y juntos sintieron cómo una extraña fuerza les llenaba el interior era la magia insondable del amor que renacía desde que una tarde un joven príncipe se fue a la guerra dejando una hermosa muchacha llorando sentada, esperando que se diera la maravilla de éste momento.

Autor: Mark Cohen (Juan Carlos Hernández)

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